miércoles, 23 de enero de 2008

Hacia una escuela no sexista. Beatriz Fainholo

¿Por qué revisar la educación formal desde la perspectiva de género?
La cultura se transmite a través de la familia, los medios masivos de comunicación y la escuela, esta última legitimando la cultura y preservando a través del currículo oculto la desigualdad de oportunidades y discriminación por género.
Nos explica la autora que es por medio de la información contenida que se preservan modos de ser, reduciendo el espacio para las niñas y abriendo oportunidades para los niños, incluso de los niños se espera más.

La autora asevera que muchas de las carreras de servicio son encaminadas hacia las mujeres, preservando así su lugar en la familia y discriminándolas de la vida activa.
Es mortificante observar que tanto en las carreras “pesadas” como en el deporte, a las niñas no se les insiste, por el hecho de ser niñas y se pierden de una de sus tantas potencialidades como seres humanos.

Los valores que son relacionados con la mujer, le dan una forma tan extraña, que en muchas ocasiones, es reproducida tal cual lo afirman los medios de comunicación: sensual, débil, sumisa, bonita al grado de ser su única preocupación, con un sueño en mente: casarse y ser madre. No digo que esté mal, lo que es preocupante es que se vuelve un arquetipo y si la escuela no lo combate, la familia menos, dada la conveniencia para los padres de sobreproteger a la mujercita y entregarla al hombre que vendrá a ejercer la función de segundo padre protector.
En la escuela se reproduce también la subjetividad del maestr@, ya que por más que esté instruido, siempre la cultura hablará por ell@s y hay que tener cuidado porque el alumno se lleva del maestro más que información, actitudes y valores.

El lenguaje, nos dice la autora, es la voz del pensamiento colectivo y toda la serie de prejuicios que al ser escuchados vastas veces, se llegan a asumir de manera natural y a aceptar sin crítica. Una misión importante del profesor, será romper con estos modelos de lenguaje y explicarlos para desvanecerlos por completo.
Se nos educa bajo prejuicios y luego se nos reclama que no somos capaces de nada por otros tantos prejuicios, por eso es tan importante que por medio de la educación, el cual puede considerarse el recinto con más libertad, romper desde ahí con la tradición sexista.

Un presupuesto debe ser siempre, dudar de lo que parezca “normal”, desde los materiales didácticos, la autora propone la literatura para análisis del lenguaje y comparación de discurso, esto con el fin de desdibujar la cultura androcéntrica occidental que marginaliza a los “otros”.
Otra materia que se debe fomentar también en las mujeres es el deporte, las matemáticas y la tecnología, que son materias preconcebidas como masculinas por el hecho de deducir, y pensar. No obstante el hombre ha venido acabando con la tierra por no utilizar de manera mesurada la tecnología y esto en cortos 100 años.

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